Presentación

 

Los antiguos, percibiendo la muerte como un límite infranqueable, han definido el humano como un ser mortal. Ese primer principio universal se convirtió en el fundamento de toda una orden simbólica. Efectivamente, la historia de las sociedades humanas puede leerse como un conjunto de narrativas que desean dar vida al sueño de inmortalidad, asegurando la perennidad de la orden social mediante el paso de generaciones.

¿Qué ocurre en una sociedad en la cual la muerte pasa del estatuto de fundamento ontológico (fenómeno natural) al de simples contingencia histórica (evento a evitar a todo costo)? ¿Cómo entender una sociedad extremamente comprometida en acabar con la muerte, que considera el envejecimiento una enfermedad, en que la voluntad de prolongar indefinidamente la vida en este mundo substituye el deseo de alcanzar la inmortalidad en el más allá, y en que el horizonte nos es la expectativa del fin, pero el suceso de la tecnociencia?

Esta sociedad, a que Céline Lafontaine llama de "post-mortal" porque aleja la perspectiva de la muerte, también altera radicalmente el sentido de la procreación y de la transmisión de la vida - por una parte, destruyendo, en el plan antropológico, la orden generacional que funda la historia humana e, al mismo tiempo, en el plan sociológico, buscando instituir una nueva forma de vida comunitaria centrada en la obsesión por la salud y los cuidados de salud. De hecho, los estudios sobre el envejecimiento de las células, asociados al progreso en los trasplantes, bien como en la conservación y producción de órganos, abren perspectivas para una vida más larga, con una duración indeterminada.

Es en este cuadro teórico que nos proponemos organizar el I Congreso Internacional IEAC-GO, abordando el tema de la muerte en un amplio abanico interdisciplinar, que incluye las ciencias sociales humanas, las artes, la comunicación, las ciencias médicas e las nuevas tecnociencias.